NUESTROS PATRONOS

JESÚS DE LA DIVINA MISERICORDIA

La historia de la Divina Misericordia se basa en las revelaciones de Jesús a Santa Faustina Kowalska, en centra en la 1.931, una religiosa polaca del siglo XX, quien recibió instrucciones para difundir la devoción, la cual incluye la imagen de Jesús Misericordioso, la Fiesta de la Divina Misericordia, la Coronilla de la Divina Misericordia y la Hora de la Misericordia. La devoción se centra en la confianza en la Misericordia de Dios y fue formalizada por el Papa San Juan Pablo II, quien extendió la fiesta a toda la Iglesia en el año 2.000.

Jesús se apareció a Santa Faustina en Plock, Polonia y le pidió que pintara una imagen según el modelo qie Él le mostraba, la imagen debe mostrar a Jesús con los rayos rojo y pálido que brotaron de su corazón en la cruz, simbolizando la Sangre y el Agua y que están destinados a proteger las almas con la inscripción "Jesús, en ti confió". El pintor Eugeniusz Kazimirowski fue quien bajo la atenta supervisión de Santa Faustina, pintó la primera imagen de la Divina Misericordia en 1.934 en Vilma, que simboliza la Misericordia Divina, la fe en Jesús y Su amor infinito.

Jesús pidió que se celebrara el primer domingo después de Pascua, día que hoy se conoce como Domingo de la Divina Misericordia, el rezo de esta coronilla usando usando las cuentas del rosario, con la promesa de recibir Misericordia en el momento de la muerte para quienes la reciten y pidió recordar su Misericordia a las 3 de la tarde, momento en el que Él sufrió en la cruz y murió pidiendo por los pecadores.

NUESTRA SEÑORA DE LA MISERICORDIA 

En Italia, durante el año 1530, los Genoveces, celosos de la prosperidad material y espiritual de la ciudad de Savona, la atacan desterrando a sus mejores hombres y demoliendo gran parte de la ciudad. Los savoneses pusieron toda su confianza en la Santísima Virgen, implorando su maternal protección.

De esta forma, el 18 de marzo de 1536, la Virgen María se le apareció a un sencillo labrador llamado Antonio Botta, quien bajaba a la mañana temprano a lavarse las manos en el arroyuelo. En ese momento oyó una voz que le decía: "Vamos, levántate y no temas". Se levantó y vio un gran resplandor y a una señora que le dijo estas otras palabras: "Ve a tu confesor y dile que anuncie al pueblo, en la Iglesia, que ayune por tres sábados, y que haga, por tres días la procesión en honor de Dios y de su madre; tu luego, te confesarás y comulgarás y el cuarto sábado volverás a este lugar". Mientras, la señora, pronunciaba estas palabras, Antonio oyó que por el camino pasaban unos arrieros y temiendo que lo viesen, quiso esconderse, pero ella le dijo: "No temas, puesto que no nos podrán ver". Y dicho esto desapareció.

Antonio se apresuró a presentarse ante su sacerdote y le narró con lágrimas en los ojos el acontecimiento. Fue tan sincero en su relato que el párroco no dudó y se dirigió a Savona para informar a las autoridades. Ese día fue llamado y su simplicidad hizo que se tomara su relato como verdadero.

Cuando llegó el cuarto sábado, 8 de abril, obediente a lo que le dijera la Virgen María, Antonio se dirigió al lugar designado por ella. Cuenta Antonio que cuando estaba rezando, bajó del cielo un resplandor más grande que el anterior y lo envolvió de tal modo que le impidió ver los montes que lo rodeaban, claramente vio a una señora con blancas vestiduras que extendiendo su mano le decía: "Ve a los de Savona que para asegurarse de las cosas que yo te mandé a decir el otro día te mandaron preguntarme, diles que anuncien al pueblo que ayune por tres sábados y que hagan tres días procesión, y exhorten a todo el pueblo a enmendarse de su mala vida porque mi divino hijo está muy enojado contra el mundo por las maldades que reinan en Él y si no hacen esto su vida será corta". Antonio le respondió: "Dame una señal para que me crean".

María le dijo: "Yo ya les di un señal interior aquella tarde en que fuiste llamado delante de ellos, te creerán sin necesidad de pruebas". Y al terminar de decir esto levantó los ojos y las manos al cielo, dio tres veces la bendición sobre el arroyuelo, repitiendo siempre: "MISERICORDIA QUIERO Y NO CASTIGO".

Todos le creyeron sin necesidad de pruebas. María apareció coronada como REINA Y MADRE DE MISERICORDIA. La noticia conmovió a toda la ciudad, el pueblo no paraba de dar gracias y el domingo siguiente, que era domingo de ramos, se anunció la aparición y se recomendó a todos que hicieran lo que la Virgen había pedido en prueba de fe y amor filial.

El 12 de abril de 1538 se promulgó un decreto para que se construya un oratorio en el lugar de las apariciones.

El 10 de mayo de 1815, el papa Pío VII hizo la solemne coronación de la imagen que había sido despojada de su corona por los invasores.

SANTA FAUSTINA KOWALSKA

Santa Faustina nació en el seno de una familia campesina en la aldea de Głogowiec, en Świnice Warckie, voivodato de Łódź, Polonia, en 1905. Era la tercera de ocho hermanos, hijos del matrimonio de Stanislaus, carpintero y agricultor, y Marianna Kowalska, que los educaron con gran disciplina espiritual, sobre todo su padre. Como la familia era muy pobre, Faustina no asistió a la escuela más que tres años. Como ella y sus hermanas sólo tenían un buen vestido, habían de turnarse para ir a Misa, de modo que cada una asistía a una misa diferente.

A los 9 años tomó la Primera Comunión en la iglesia de San Casimiro. Antes de entrar al convento, en 1919, trabajó como sirvienta en casa de unos amigos de la familia Bryszewski en Aleksandrów, cerca de Łódzki. Más adelante, en 1922, viajó a Łódź y trabajó un año en la tienda de Marjanna Sadowska para mantenerse y ayudar a la familia. Al finalizar ese trabajo marchó a Varsovia con la intención de entrar en un convento, pero la superiora le recomendó reunir una pequeña dote para su ajuar, lo que la llevó a trabajar como sirvienta o doméstica otro año, hasta 1925.

A los 18 años, Faustina, que ya desde los siete sentía una vocación religiosa, pidió a sus padres permiso para entrar en un convento, pero ellos no se lo dieron. Tras esa negativa, decidió entregarse a las vanidades de la vida, sin hacer caso a la voz de la gracia, aunque su alma, sintiendo continuamente la llamada, en nada tenía satisfacción. Ello le daba un gran tormento que intentaba sanar con más distracciones. Evitaba a Dios y con toda su alma se inclinaba hacia las criaturas, pero, según ella, la gracia divina terminó por ganar su alma.[3]​

Cuenta que un día tuvo una experiencia que marcó su vida: Al ir a un baile con su hermana Josefina, mientras todos se divertían, ella sufría y sentía una gran tristeza. Entonces, mientras estaba bailando, vio a Jesús crucificado, cubierto de llagas, dirigiéndole este mensaje:

Helena, hija mía, ¿hasta cuándo Me harás sufrir; hasta cuándo Me engañarás?

Faustina disimuló lo sucedido para que su hermana no se diera cuenta, y en cuanto pudo abandonó discretamente el baile. Este suceso la hizo salir de la fiesta para dirigirse a la iglesia más cercana, la catedral de San Estanislao de Kostka. Al llegar pidió al Señor que le dijera qué era lo que debía hacer. Después de una profunda oración y de pedir perdón, cuenta que escuchó estas palabras:

Ve inmediatamente a Varsovia; allí entrarás en un convento.

A la mañana siguiente, sólo con la ropa puesta, sin el permiso de sus padres y habiéndose despedido sólo de una de sus hermanas, tomó un tren a Varsovia con intención de entrar en un convento, sin conocer a nadie en aquella ciudad.[3]​ Al llegar, entró en la primera iglesia que encontró, que fue la iglesia de Santiago, en la calle Grojeka. Asistió a la misa y, al acabar, pidió orientación al Padre Dabrowski, que le recomendó a la señora Lipszcowa, mujer muy católica con la que se hospedó mientras buscaba un convento.

La pobreza de Faustina Kowalska era tan extrema que no le permitía entrar en ningún convento. Finalmente se dirigió a la Casa Madre de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia, en la que por fin fue atendida, y tras un año de ahorro para poder pagarse un ajuar, en agosto de 1925, fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles, pudo entrar como postulante. Semanas después de su entrada en el convento tuvo tentaciones de abandonar, pero, según sus memorias, el Señor se presentó nuevamente en su celda para pedirle que no lo hiciera. En ese convento trabajó en la cocina y se le encomendó la tarea de limpiar el cuarto de la Madre Barkiewez y cuidarla durante su enfermedad. A principios de 1926, fue enviada al noviciado de Józefów, en Cracovia, para terminar su periodo de postulante, y el 30 de abril, a los 20 años, tomó el hábito como novicia, con el nombre de Sor María Faustina del Santísimo Sacramento.​ El nombre de «Faustina» significa «bendecida», «afortunada» y podía ser una referencia al mártir cristiano Faustinus.

Faustina no sabía nada del convento en el que ingresó, pero fue advertida de que ingresaría allí como una hermana lega y que, por su bajo nivel de escolaridad, quizás no alcanzase en la orden niveles más altos que los consistentes en actividades de cocina, limpieza y jardinería.

"No representamos el Gobierno eclesiástico de Roma".